La piel es nuestra primera barrera de defensa, pero también es el lugar donde pueden aparecer infecciones molestas como las micosis cutáneas, más conocidas como hongos en la piel.
Estas infecciones son mucho más comunes de lo que pensamos y pueden afectar a personas de todas las edades, especialmente en climas cálidos y húmedos o en quienes tienen hábitos que favorecen su aparición, como el uso de ropa ajustada o la sudoración excesiva.
Si alguna vez has notado manchas rojizas o blanquecinas, con descamación o cambios en la textura de la piel, es posible que estés frente a una micosis cutánea. Aunque en muchos casos no representan un problema grave, es importante identificarlas a tiempo y tratarlas correctamente para evitar que se extiendan o reaparezcan.
Las micosis cutáneas son infecciones de la piel causadas por hongos. Aunque muchas personas se refieren a ellas simplemente como “hongos en la piel”, el término médico correcto es micosis, ya que abarca distintos tipos de infecciones superficiales que afectan no solo la piel, sino también las uñas y el cuero cabelludo.
Los hongos son microorganismos que forman parte del entorno natural y, en algunos casos se encuentran en nuestra propia microbiota cutánea sin causar problemas.
Sin embargo, cuando encuentran las condiciones ideales, como humedad, calor o un sistema inmunológico debilitado, pueden proliferar de manera excesiva y dar lugar a una infección.
Pueden manifestarse de diferentes formas,, pero en general, las micosis cutáneas presentan signos característicos como:
Si notas alguno de estos síntomas, lo ideal es consultar con un dermatólogo para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuado.
Las infecciones por hongos en la piel pueden presentarse de diferentes formas, dependiendo del tipo de hongo involucrado y la zona afectada.
La piel es el órgano más expuesto y, por lo tanto, una de las áreas más propensas a sufrir infecciones por hongos, ya que estos microorganismos prosperan en condiciones de humedad, calor y fricción. Algunas de los más comunes son:
Los hongos en las uñas, conocidos como onicomicosis, son una infección persistente que afecta la estructura y apariencia de la uña. Suelen comenzar como una pequeña mancha blanca o amarillenta y, si no se tratan, pueden extenderse y provocar engrosamiento de la misma y despegamiento.
Los hongos en las uñas requieren tratamientos prolongados, ya que la uña crece lentamente y la infección puede persistir durante meses si no se trata de forma adecuada.
Los hongos también pueden afectar el cuero cabelludo, causando la pérdida de pelo en forma de parches, con inflamación y descamación.
Las infecciones fúngicas en el cuero cabelludo son muy contagiosas y pueden transmitirse por contacto directo o compartiendo objetos como peines, rasuradoras, gorras o almohadas.
Las micosis cutáneas aparecen cuando los hongos encuentran condiciones favorables para su crecimiento y proliferación en la piel. Aunque cualquier persona puede desarrollar una infección fúngica, hay ciertos factores que aumentan el riesgo.
Lo más importante es obtener un diagnóstico profesional por un dermatólogo, ya que algunas micosis pueden confundirse con otras afecciones de la piel, como la dermatitis o la psoriasis.
El tratamiento de las infecciones fúngicas depende del tipo de hongo, la zona afectada y la gravedad de la infección. En general, el objetivo es eliminar el hongo y prevenir recaídas.
Los antifúngicos tópicos son la primera línea de tratamiento en infecciones leves o localizadas. Se presentan en distintas formas según la zona a tratar:
En casos más extensos, resistentes o que afectan zonas difíciles de tratar con productos tópicos, se requiere tratamiento sistémico con antifúngicos orales. Los más utilizados son:
El tratamiento oral puede durar desde unas semanas hasta varios meses, dependiendo de la localización y severidad de la infección.
Para que el tratamiento sea efectivo y prevenir nuevas infecciones, es fundamental adoptar ciertos hábitos:
Aunque algunas micosis leves pueden mejorar con tratamientos de venta libre, es importante acudir a un dermatólogo cuando la infección no mejora en dos semanas, se extiende a nuevas áreas o presenta signos de infección secundaria, como enrojecimiento intenso, inflamación, secreción o dolor.
También es importante consultar a un especialista si la micosis afecta el cuero cabelludo o las uñas, ya que estos casos suelen requerir tratamientos más prolongados por vía oral.
Un diagnóstico adecuado y un tratamiento completo son clave para eliminar el hongo y evitar recaídas, ya que las micosis pueden reaparecer si no se tratan correctamente.
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